A mi parecer, los sueños son solo basura mental remanente de la actividad cerebral que se ha llevado a cabo durante un cierto periodo de tiempo. Es decir, no les atribuyo poderes místicos ni los considero oráculos. El que muchas veces estos manifiesten sobre nuestras mentes secuencias e imágenes relacionadas con nuestras vidas es obvio. Su simbolismo es resultado del caos de muchas partes inconsistentes que, de repente, se encuentran a sí mismas integrando una misma línea. Sin embargo, este sueño sobre el que reflexiono ha sido demasiado adecuado, y su analogía demasiado perfecta, como para ignorarlo. Al despertar, me dejó una sensación única y un mensaje poderoso que no me puedo permitir olvidar.
Increíble sueño construido en consecuencia de tanta carga emocional y tanto conflicto silencioso, tus partes serán solo remanentes, pero que hermosos pedazos de amor te constituyen.

Aquella noche fui un árbol. Era un árbol bastante grande, con raíces que cubrían amplias extensiones de subsuelo. Con ramas fuertes que a veces vestían hojas y a veces no. Mi tronco era invencible, ancho y más sólido que las rocas que adornaban mis pies enterrados.
De vez en cuando llegaban criaturas a mí. Tú te posabas sobre mis ramas y descansabas tu vuelo ocasionalmente. A veces incluso dormías entre mis hojas que te abrigaban y protegían. La sensación de tu diminuto peso y el cosquilleo de tus garras inquietas me hacían añorar que tu estadía fuese prolongada. Pero no lo podía ser; tus alas siempre inquietas y tus huesos ligeros te invitaban a partir repentinamente.
Era natural que tú al igual que otras criaturas de todo tipo llegasen a mí. Yo sentía como se posaban sobre mí, aprovechando mis ramas y tronco como soporte y apoyo. Se acercaban a mí en busca de refugio y lo hallaban entre mis ramas. Ya fuera en épocas de lluvia o de sofocante sequía, mis hojas les acogían invariablemente.
Yo, como cualquier árbol, no podía moverme en lo absoluto. Solo circunstancias exteriores como la brisa, movimientos de la Tierra y el cambio de estaciones podían causar pequeñas perturbaciones en mi fuerte estructura vegetal. Era un árbol estoico, que no se perturbaba ante nada, nunca. Sin embargo, aun siendo un árbol, no estaba exento de procesos mentales. Era pues, un árbol imperfecto que sentía y añoraba, que deseaba y sufría.
Cuando tú llegabas yo me sentía feliz, y mis hojas se tornaban más verdes. Pero al presentir tu partida me llegaban otoños prematuros y sentía que mis ramas se ponían flexibles y flácidas. Así pues, sentía ganas de mover mis largos brazos y rodearte. Evitar que te vayas. Pero eso no lo podía permitir. Si así fuese, con seguridad te hubieses asustado para nunca volver, o bien mi fuerza te hubiese lastimado al tú aletear en busca de un escape agitado. Así que no podía optar más que por ver tu partida cada vez, y sentir la fuerza de tus garras enanas al impulsarse en mí para izar vuelo. Ese pequeño salto causaba en mí más agitación que los fuertes vientos huracanados que amenazaban a la montaña en ciertas temporadas. Pero yo permanecía inmutable, y aun cuando reprochaba a mi mente por provocarme tantas preocupaciones y angustias, también la atesoraba puesto que a través de ella te percibía. Y un paso tuyo sobre mí, o el escuchar un breve chillido agudo de tu pico hermoso, o verte volar desordenadamente a mi alrededor eran la mayor recompensa que posiblemente pudiese recibir.
Y eso fue el sueño: presumiblemente extenso a lo largo de toda la noche, o quizás solo un segundo bastó para visualizar todo aquello.

Al despertar me sentía un árbol. Y sentí la inmutable determinación por ser un buen árbol. Un árbol que usa cada uno de sus recursos para crecer y fortalecerse. Que siempre se esfuerza por ser más grande y resistente. De esta forma podría ser un árbol útil…
Que mi fortaleza pueda servir de apoyo a quienes necesiten apoyo.
Que mis hojas acobijen a quienes necesiten cuidado.
Que mis ramas protejan a quienes necesiten refugio.
Que mis frutos alimenten a quienes sientan hambre.
Que mi cuerpo sirva como hogar a quienes necesiten donde habitar.
Y mantenerme estoico siempre. Servir sin pedir nada a cambio. Recibir y dejar partir sin procurar mantener, sin suplicar compañía. Después de todo, como podría ser un árbol confiable si yo mismo fuese víctima de las fuerzas que debiese superar para ser útil? Pero sí siento angustia y sufro al sentir la pérdida de compañía que aprecio. Y cada compañía es única y no se puede reemplazar con otras compañías. Creo que el sentirse solo por la separación de tan solo una sola persona, aún cuando tengamos muchos otros brindándonos su cariño y particular compañía alrededor, es apreciar completamente a esa persona.
Tengo esperanzas de que este proceso imparable de acercamiento y separación en el que he sumergido mi vida realmente tenga el efecto que tengo previsto, que sea entrenamiento. Entrenamiento para ser más fuerte aún, para ser más útil. Esta dinámica la he definido yo mismo, aun sabiendo que es un camino tormentoso y sumamente doloroso, tengo confianza en que mi corazón poco a poco crecerá y podrá soportar de mejor manera este masoquismo emocional.
Acércate a mí y déjame servirte. No pediré nada a cambio. Exigir algo de tu parte es algo que no me permitiré jamás. Mi servicio es sincero y mi entrega es incondicional. Tú has lo que desees, yo debo ser capaz de soportar todo lo que tus acciones puedan provocar en mí. Si sufro es por que aun soy débil, y necesito superarme. Quiero ser un árbol invencible para que mis servicios no puedan fallar.
Y ahora respeto mucho más al árbol. Que otra cosa es un árbol más que un samurái o un bodhisattva? Por algo Gautama alcanzó la iluminación debajo del árbol de Bodhi. Jesús era carpintero, conocía a profundidad y trabajaba la madera. Representación de que otra cosa más que la transformación a un árbol puede ser la crucifixión? Hay árboles sagrados de increíble importancia en cada tradición, por ejemplo el olivo sagrado de Atenea, o el árbol del mundo Yggdrasil. Quizás lo que llevó a Gautama a la iluminación fue ser como el árbol que le soportaba, ser el árbol. Los árboles son representaciones perfectas de los servidores más remarcables como Jesús y el Buda Shakyamundi con su incondicional entrega y servicio. Invito a cualquiera a comparar cualquier acto de estos hombres y ver como cuadran exactamente con un árbol.

Yo por el momento soy solo un lobo. Mi pelaje crece y espesa y mis colmillos se afilan. Mis patas añoran recorrer largas distancias y mi corazón aun planifica y traza rutas invisibles.
Procuraré ser un buen lobo y así trabajar hacia convertirme por lo menos en un lobo de madera.